Archivo para abril 18, 2008

El poder de las palabras, el poder de las imágenes

abril 18, 2008

Gabriel García Márquez relata que, cuando niño, estuvo a punto de ser atropellado por un bus. Un cura, que desde la acera observaba la escena, le gritó “¡CUIDADO!” con toda la fuerza de sus pulmones, y el pequeño se detuvo a tiempo y sólo llegó a percibir en el viento el roce frío de las latas del bus. La anécdota le sirve para discurrir sobre el poder de las palabras y el poder que las palabras nos confieren. Las palabras, las llamadas “gruesas” y las que no lo son, con su ortografía y sin ella, las regidas por la gramática y las que la descuidan, las palabras que para algunas culturas sabias tienen su propio dios: el Dios de Las Palabras, las ya inventadas y las que inventamos, las que llevan oculto su poder porque aún han de ser inventadas.

No, no se han equivocado. Este sigue siendo un blog de fútbol y el circunloquio de ligüística busca enlazarme con el “Ipse dixit”, mi anterior post, y el ” Ipse dixit” que allí dejaron quienes sobre el post comentaron. En particular, quiero referirme al “¡HIJO DE PUTA!” que le espetó Michael Laudrup a Luca Toni. Tres palabras de la lengua castellana: “hijo”, que hijos somos todos; “de” preposición de mil usos; “puta”, palabra común y corriente, una palabra, vamos, muy puteada. No suelo decir esa palabra y, como ella, otras palabras gruesas o pesadas, pero tampoco me afecta suerte alguna de tabú lingüístico. No me las prohíbo, simplemete las evito. Pero si me doy un golpe durísimo en una canilla y sufro un dolor lancinante, un simple “COÑO”, por muy injurioso que suene, tiene en sus cuatro letras toda la fuerza de un “con ese objeto duro y contundente me acabo de dar un golpe muy fuerte, mi tibia ha impactado con ese objeto y ahora siento un gran dolor en la parte anterior de una de mis extremidades inferiores, caramba, recaramba, córcholis, recórcholis, ¡qué dolor!”. Al igual que el ce o eñe o que espeto más desde mi dolorante canilla que desde mi garganta, en la hipotética situación que aquí describo, las tres palabras de Michael Laudrup tienen toda la fuerza del momento y sus circunstancias y llevan toda la carga emocional y del momento y de las circunstancias. No las pronunció en misa de domingo o en un coloquio académico de paleontólogos; aunque obscenas, no me da la gana de censurarlas, como tampoco censurar a quien las dijo.

Para que este vuelva a parecer un blog de fútbol, culmino con una imagen de fútbol. Es una foto de Robin Utrecht y compite para el Sony World Photography Awards. Encuentro infeliz la trillada frase que reza que “una imagen dice más que mil palabras” porque una imagen que dice más que mil palabras dice más que mil palabras porque nos pone a pensar y, cuando pensamos, pensamos en palabras. Sólo que no las pronunciamos.

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