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¡Gracias Leo!

mayo 15, 2010

Con el equipo que le armó (es un decir) Galliani y en su primera experiencia como entrenador, Leo consiguió lo mismo que el más avezado Carletto: un tercer puesto con más pena que gloria y, con él, la garantía de jugar la Champions la temporada próxima. En circunstancias, huelga señalarlo, muy difíciles, porque, en el vivo del campeonato, Leo llegó a tener a cuestas más que un equipo un hospital, lo que lo llevó a tener que recurrir a la fantasía (y no me refiero al esquema táctico) para conseguir alinear un once y salir a jugar. Si esta temporada el equipo tuvo tan magros resultados, las culpas no podemos endosárselas al buen Leo, por el contrario, hemos de agradecerle que, a pesar de todo y todos, consiguió arreglárselas para darles a los rossoneri un fútbol marcadamente ofensivo, atractivo, bello. Y consiguió, mientras pudo contar con todos sus mejores hombres, resultados muy positivos con ese su fútbol. Con el  juego bello de Leonardo y los buenos resultados del equipo, hasta llegamos a ilusionarnos con la remontada a daño del Inter, una escuadra infinitamente más sólida e infinitamente más fuerte.

Hoy, sin embargo, despedimos a Leonardo. Y lo despedimos porque lo despidieron. Lo despidieron Berlusconi y la dirigencia milanista, los verdaderos culpables de la triste temporada que el Milan realizó. Empieza a resultar insoportable esta agonía en que la dirigencia milanista parece complacerse en mantenernos. Y no entiendo qué ganan ellos, el presidente  y los dirigentes, en llevar tanta desgracia al equipo más glorioso de los últimos 20 años de la historia del fútbol (en Europa y el mundo). Aunque muy real, resulta paradójico que desde hace tres años el Milan ha pasado de ser el más grande club de Europa a un equipucho cuya distancia del Inter (para no mencionar a los grandes equipos europeos) es cada año más dramática.

Por veinte años Berlusconi y Galliani, con medios ingentes, gran intuición y la mayor motivación, hicieron del Milan un equipo de leyenda. De repente (y sin avisarnos) Berlusconi ya no quiere gastar dinero para fichar a los jugadores destinados a consagrarse como grandes campeones (Van Basten, Gullit,  Weah, Shevchenko, Kakà). Peor aún, ya no quiere gastar dinero. Y el que gasta lo malgasta en convertir a Milanello y alrededores en un museo de piezas de anticuario (de Rivaldo a Bobo Vieri, de Ronaldo a Beckham, de Emerson a Mancini). ¿Qué gana con eso Berlusconi? No le valdría más y mejor vender el club y ser recordado como el presidente de ese Milan que se ganó un lugar entre los mejores equipos (de clubes y selecciones) de todos los tiempos? En vez de eso será recordado como el presidente que llevó al Milan de la gloria al infierno o, peor aún, al olvido. No se me ocurre una peor manera de arruinar veinte años de éxitos.

La temporada 2009-2010, como las dos anteriores, quedan para los archivos. Archivada queda la experiencia de Leonardo como entrenador del Milan. De mi parte: ¡Gracias Leo! Al tenerte tuvimos a uno de los “caballeros” de nuestro Calcio. Al perderte perdemos a un entrenador capaz y generoso.

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